Ciudad de Puerto México

El primero de julio de 1911, por decreto N° 14 del Gobernador León Aillaud, la Villa adquiere la categoría de Ciudad, viene a ser la Ciudad de Puerto México. Está en uno de sus grandes apogeos, es la Ciudad y Puerto, la Llave del Sureste, la Ciudad de las Grandes Avenidas. La ciudad estaba o se sentía en todo su esplendor, aunque le hubieran llamado Puerto Niguas. En mucha propaganda comercial, sobre todo extranjera y en particular española, se escribía Puerto Méjico con J, en vez de X. El 15 de agosto de 1914 se inauguró el Canal de Panamá y toda la carga mundial que pasaba por el Istmo Pasajes, historia, luz y crónicas: cien años de Coatzacoalcos de Tehuantepec se desvió hacia allá con el súbito desplome comercial; afortunadamente ya se iniciaba el auge petrolero, que llegaría a formar el complejo industrial más grande de la América Latina.

Eran los años de la Revolución; en julio de 1914 estuvieron en este puerto Victoriano Huerta, Aureliano Blanquet, el Gral. Gustavo Mass, el Lic. Querido Moheno y el Tesorero de la Nación; estuvieron alojados en el Hotel Colón, en donde por las prisas de la fuga dejaron la Bandera Nacional Presidencial, la cual durante varios años fue conservada por el doctor don Armando Castellanos de la Huerta, quien cuando fue Presidente Municipal la donó a la Sala de Banderas de Chapultepec. Huerta y su comitiva huyeron en el vapor alemán Dresden el 22 de julio del 14 con rumbo a Santander y Barcelona, lugares en donde Huerta no encontró acomodo, por lo que se fue a El Paso, Texas; ahí falleció el 14 de enero de 1916.

Para Puerto México y la región estos años de 1916, 1917 y el siguiente fueron los más duros; el Gral. Raúl Maldonado con su jefe de Estado Mayor, el coronel Martínez por el lado de los federales y Cástulo Pérez Álvaro Alor, entre otros, por los rebeldes, impusieron un régimen de sangre y terror, bárbaro por ambos lados. Como si fuera poco, ocurrió el caos financiero del papel moneda; vinieron los billetes grandotes carrancistas, “infalsificables”, los “bilimbiques” que tenían el mismo valor que los “vales” que daban tanto federales como rebeldes “pagaderos en efectivo al triunfo de la causa” y las enfermedades, las que ya teníamos más otras como el cólera y la influenza española que hicieron de las suyas despiadadamente; al final, muchos años después, cuando ya habían cedido esas plagas, llegó la Fundación Rockefeller a poner en orden al paludismo y a los parásitos; sus instalaciones, “la Sanidad” estaban en la primera calle de Juárez, frente al mercado.

Si Puerto México andaba mal, los poblados de la región estaban peor, lo cual obligó a muchas familias a concentrarse aquí en busca de mayores garantías; así de Ixhuatlán vinieron los Rosaldo y los Riveroll; de Acayucan los Mortera y los Pavón; de Jáltipan los Lemarroy, Piquet, Alor, Salím, Franyuti y Revoulen; hubo inmigración de Chinameca, Corral Nuevo, los Tuxtlas y toda la región, Si en 1843 el lugar contaba tan sólo con un habitante, el señor Gregorio Díaz, tenemos que aceptar que la población de Puerto México era totalmente inmigrante, venida toda de fuera, una población que apenas comenzaba a retoñar aquí. En esos años de la nefasta Brigada Coahuila hubo un gesto de valor cívico: Julián Padua cayó en manos de esos militares, quienes en la misma cantina en que lo aprehendieron por insultos a la autoridad, lo ejecutaron y se dice que hasta el tiro de gracia le dispararon, y como aún se movía, lo iban a seguir balaceando, cuando don Pedro Rosaldo Palomino intervino y se los quitó con mucha hombría; pese al tiro de gracia aún estaba vivo, lo llevó a su rancho donde lo curó un médico amigo y tuvo aventuras por más tiempo. Años después don Pedro Rosaldo fue Presidente Municipal.

En 1920 había luz eléctrica gracias a una planta termoeléctrica. Después vendría el Lic. Don Amado J. Trejo con la Cía. Hidroeléctrica de Minatitlán. Puerto México fue teatro de la rebelión Delahuertista. El 12 de diciembre de 1923 Benito Torruco, rebelde, tomó la plaza. Fue una rebelión que produjo un inútil baño de sangre, de acciones militares, navales y aéreas. Desde Tacoteno el avión Obregonista “El Diablito”, tripulado por Pablo Sidar, bombardeó a los barcos rebeldes surtos en las aguas del Puerto. El resultado fue que don Adolfo de la Huerta depuso las armas ante el contralmirante Hilario Rodríguez Malpica el día 10 de abril de 1924, y salió de aquí en el cañonero Agua Prieta con rumbo a Yucatán.

La rebelión Delahuertista cobró innumerables vidas, entre otras la del Gobernador de Yucatán Felipe Carillo Puerto, que se idealizó con la periodista Alma Reed en la canción “Peregrina”, de Ricardo Palmerín. Perdió la vida también el general Salvador Alvarado, asesinado en Palenque en 1924. Él estuvo aquí en 1917 y protegió a la que fue reina del carnaval de Puerto México en 1920, Esperanza Torres Dávila; la defendió de un militar que la asediaba El 6 de agosto de 1924 estuvo en Puerto don Tomás Garrido Canabal; venía de Frontera, Tab. con rumbo a la Capital, para defender su credencial de senador; aquí no tuvo problemas, pero a su llegada a México, en el hotel Iturbide le mataron a tres de sus acompañantes y él recibió tres balazos que sólo le dejaron cicatrices en la piel ¡del cuello!.

También pasó por aquí César Augusto Sandino; estuvo en la cantina “La Marina” que estaba junto a la licorería de don Sabino Vega Carballedo, cerca del Callejón Brunet; debe haber entrado a tomarse una copa. Otro día un adversario de don Tomás Garrido se metió a la misma cantina, también a tomar una copa; no se la tomó: sus asesinos no le dieron tiempo.

En 1929 la rebelión Escobarista no conmocionó notablemente a la ya sufrida población. Algo impactante en toda la región fue la llegada del Señor de La Salud. Eran los tiempos de la persecución religiosa en Tabasco y aquí un poco menos con el coronel Adalberto Tejeda. Lo sacaron de Mecatepec como si fuera un enfermo, como se acostumbraba allá, en una hamaca sostenida de un palo que cargaban unos hombres. Su llegada fue un secreto a voces que se difundió por toda la región e hizo incontenible la avalancha de fieles que se hicieron presentes.

Estaba en el en el pasillo central del templo de San José, protegido por una vitrina grande, mientras una fila interminable de creyentes iba pasando, bajo la vigilancia de los encargados para que no se tardaran y pudiera desfilar toda la multitud que estaba afuera de la iglesia. Aquí también había prohibición religiosa, pero no hubo conflicto. En unos cuantos días la imagen fue llevada a Cosoleacaque. Esto ocurrió en la época del padre Panchito. En los años 30s llegó “El Callao” a Puerto México, un barco con el nombre de un puerto peruano. Fue decomisado por llevar contrabando de madera o de licor y nunca resolvió su condición legal; estuvo anclado mucho tiempo en el muelle siete y cuando comenzó a hacer agua y resultar un estorbo, fue sacado al mar, desde donde los nortes lo arrastraron al lugar que ocupa ahora, formando parte de la fisonomía de la ciudad. Está en su historia, literatura, sobre todo en poesía y más que nada en su paisaje.

La intranquilidad que había por la presencia de algunos rebeldes en la región se calmó con la llegada del general Lázaro Cárdenas del Río, quien vino como Jefe de las Operaciones Militares en el Istmo de Tehuantepec. Dejó gratos recuerdos; convivió con las familias del puerto; con su esposa doña Amalia Solórzano bautizó a Manolo, el hijo de doña Conchita y don Manuel Castellanos. Puerto México vivía días promisorios que después fueron recordados con nostalgia. Después estuvo aquí de paso, en 1934, como candidato a la Presidencia.

Para entonces los trabajos de construcción del Ferrocarril del Sureste estaban bastante adelantados; así fue posible que en la gestión del licenciado Miguel Alemán, el 25 de mayo de 1950, se inaugurara; para recordarlo se acuñó entonces una moneda de plata de cinco pesos con la imagen del ferrocarril en una de sus caras, y en la estación Unión, entre Salto de Agua y Palenque, se colocó un clavo final “de oro” en las placas que unieron a los rieles en su encuentro, al mismo tiempo se inauguró la carretera que va desde el kilómetro 133 o Estación Chontalpa a Puerto Ceiba, pasando por Cárdenas, Comalcalco y Paraíso, con lo cual se incorporó a Puerto México una enorme área de acción; propiamente ya se incorporó a Coatzacoalcos.

Investigación: Dr. José Lemarroy Carrión.
Cronista de la ciudad de Coatzacoalcos.

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