Villa del Espíritu Santo

En 1520 Diego de Ordaz estuvo en ese lugar. En 1522, el 8 de junio, Gonzalo de Sandoval fundó ahí la Villa del Espíritu Santo. Le puso ese nombre porque ese día fue domingo de Pentecostés o día de la Pascua del Espíritu Santo. El río conservó el nombre antiguo y además lo adquirió una de las cuatro mitras o provincias que constituyeron a la naciente Nueva España. Ellas fueron México, Michoacán, las Mixtecas y la Provincia de Coatzacoalco. La cabecera de esta última era la Villa del Espíritu Santo, la cual por cédula real de 1524 tuvo su escudo, el de los dos jaguares apoyados en un arbusto de cacao. Duró poco la Villa: la falta de inmunidad a los microbios que trajeron los españoles, el genocidio de la conquista, las pestes, los piratas (en 1672 Lorencillo la saqueó e incendió), las plagas, las inclemencias del clima, etc. acabaron con ella.

Para 1684 la Villa prácticamente había desaparecido. Los indígenas casi se acabaron o huyeron y los españoles se dispersaron en la región. La administración burocrática pasó a Acayúcan, que vino a ser la cabecera de la provincia de Coatzacoalco. Pero dejó una gran historia. Ahí se inició el mestizaje del sur de México; de ahí partió la conquista de Chiapas, Oaxaca y Tabasco; muchos apellidos actuales de la región son los mismos que llevaron los fundadores de la Villa del Espíritu Santo. Algunos hechos guardan particular recuerdo: el sabor de las primeras naranjas que nacieron en la América Continental, las cuales fueron sembradas por Bernal Díaz del Castillo cuando en 1518, por un norte, recaló en Tonalá y él mismo las saboreó en 1525 cuando iba en la expedición a las Hibueras.

Está registrada la llegada de la Marcaida, la esposa de Cortés, Catalina Juárez, que arribó también a Tonalá lanzada por otro norte; Tonalá pertenecía a la Villa Está el recuerdo conmovedor de cuando Bernal, a su regreso de las Hibueras, horrorizado por el salvajismo y la crueldad con que los españoles marcaban a los indígenas en las mejillas, como se marca al ganado al fuego, con una G o con una R, “quebró” los fierros y así lo avisó a los frailes jerónimos que tenían la autoridad en la isla de Santo Domingo y ellos ordenaron a la Audiencia en México que esto valiera para toda la Nueva España. Pasajes, historia, luz y crónicas: cien años de Coatzacoalcos Cuauhtémoc estuvo en Coatzacoalco.

Y cómo olvidar que en 1524 Cortés pasó por aquí en su expedición a las Hibueras. Venía con la Malinche, nativa de esta región; traía sus vajillas de oro y plata, sus juglares, sus tamborileros, sus danzantes indígenas, chirimías, el huéhuetl y el teponaxtle, un malabarista, un titiritero, venían Fray Juan de Tecto, fray Juan de Ayora, Fray Miguel de Pedraza, cincuenta jinetes, cien soldados, tres mil indígenas y una gran provisión de alimentos, que pronto se acabó. Lo más importante, lo que hay que recalcar muy bien, es que Cuauhtémoc estuvo en la Villa del Espíritu Santo; venía en esa expedición, con los pies lastimados, después de no haber estado en ningún lecho de rosas. De aquí lo llevaron con rumbo a Izancanac, en donde moriría.

El bombo de la expedición incluía competencias, torneos, carreras de caballos y danzas que se realizaron en la Villa. Los danzantes indígenas traían y pusieron en escena la Danza de Moros y Cristianos, y aquí, bajo arcos triunfales, estrenaron la Danza de la Malinche, una obra autóctona que se refiere a la Conquista; es una pieza de origen indígena que lleva 480 años, casi 500 de estarse poniendo ininterrumpidamente cada año en Jáltipan, Cosoleacaque y Oluta. La Danza de Moros y Cristianos, en la región, sólo se representa actualmente en Acayucan se refiere a la reconquista de Granada por Isabel La Católica.

Los danzantes y autores, o danzautores, a su regreso de las Hibueras tomaron una ruta escondida por la preciosa carga que llevaban. En Ichcateopan estrenaron después la “Danza de la Peregrinación”, que relata la travesía desde Izancanac, en la región de Acalan, hasta el altar mayor de la iglesia de ese lugar, Ichcateopan, en donde depositaron los restos de Cuauhtémoc. Hasta la fecha la siguen representando allá. Esa danza fue una de las tantas pruebas que esgrimió doña Eulalia Guzmán en la discusión por la autenticidad de los restos de Cuauhtémoc Cuauhtémoc estuvo en Coatzacoalco.

Aquí en la Villa, Cortés vislumbró el proyecto de la comunicación entre los dos océanos; Sebastián Vizcaíno lo hizo realidad a principios del siglo XVII, movió cargas de Veracruz al Paso de La Fábrica, que después sería Minatitlán, de ahí por río y al final a hombro de indígenas hasta el Pacífico. Inexplicablemente el virrey lo mandó a Japón como embajador, para que no estuviera inquietando el solar. La Villa desapareció en 1659 quedando un vacío de población. Uno de los colonos franceses en 1830 y Charles Brasseur en 1859, la mencionan en sus libros como un rancho abandonado, pese a que en 1826 el gobernador Barragán decretó que se repoblara el lugar.

El 28 de abril de 1827 el gobernador Santa Anna le dio el nombre de Barragantitlán, en honor del gobernador Miguel Barragán, quien acabó con el último reducto de los españoles en San Juan de Ulúa.

En 1853 la Provincia de Coatzacoalcos pasó a ser, por muy corto tiempo, el Territoria del Istmo de Tehuantepec con capital en Minatitlán. Entonces el lugar era conocido como Paso Nuevo.

Ixhuatlán del Sureste, la cabecera del municipio al cual pertenece, conserva el aspecto de una villa castiza y antigua; su plazoleta central es muy típica y agradable; tiene una iglesia del siglo XVII con una campana también antigua con fecha grabada y teja marsellesa en su techo, de la que vino como lastre en el siglo XVIII. La población sigue celebrando el domingo de Pentecostés o de la Pascua del Espíritu Santo, como seguramente lo hicieron en la Villa del siglo dieciséis, por la fecha de la fundación. Tiene material para ser un buen sitio de turismo. Actualmente en el sitio que ocupó la Villa, está la congregación de Barragantitlán, del municipio de Ixhuatlán del Sureste. Está en la otra orilla del río y a cuatro leguas del mar. Ese es el punto de referencia de la leyenda de Quetzalcóatl.

Investigación: Dr. José Lemarroy Carrión.
Cronista de la ciudad de Coatzacoalcos.

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