Villa de Puerto México

En 1900 el progreso seguía, las plantaciones americanas habían proliferado en las riberas hasta bien arriba del río y su movimiento comercial repercutía en el puerto, estaban el ingenio azucarero San Carlos o Constanza, con ferrocarril y planta de energía eléctrica; el Amate, la Perla, la Oaxaqueña, Colombia, Dos Pasajes, historia, luz y crónicas: cien años de Coatzacoalcos Ríos, las Flores, San Francisco, Sulusùchil y las monterías que desde Tabasco y Chiapas traían madera, café, chicle y otros productos de exportación.

Don Porfirio había traído a los ingleses y holandeses, ya no tanto como corsarios como habían venido antes cuando eran piratas, sino ahora como inversionistas del ferrocarril y del petróleo; también vinieron americanos. Comenzaba la gran afluencia de población extranjera, japoneses, chinos y coreanos y la gran migración que llamaron de las “3T” por la que dijeron “llegaron Tecos, Turcos y Tabasqueños” que tan valiosos resultaron; propiamente no era turcos, sino siriolibaneses, les llamaron turcos por la documentación que traían del gobierno de Turquía.

Ya funcionaban aquí la aduana y el puerto; aunque los muelles quedaron completamente terminados hasta 1905; había estación de ferrocarril, el proyecto del Templo de San José que sería inaugurado también en 1905, había tres escuelas, un hotel, un hospital civil en formación, oficinas del Registro Civil, notaría, alumbrado público, oficina de telégrafos y había comunicación por cable a Galveston. Curiosamente su cabo terminal, el del cable, quedaba —como lo señala Abel Cobián— precisamente frente a donde están ahora las oficinas de la Televisión por Cable. Entonces, por decreto del 2 de julio de ese año de 1900, firmado en Xalapa Enríquez por don Teodoro A. Dehesa, la Congregación de Coatzacoalcos se elevó a la categoría de Villa con el nombre de Puerto México; el Municipio conservó el nombre de Coatzacoalcos, siendo la Villa de Puerto México su cabecera.

Circulaban monedas de plata de ocho reales, tostones de 50 centavos o dos reales, pesetas de veinticinco centavos, moneditas de cinco y diez centavos de plata, onzas de oro y libras esterlinas de fechas atrasadas. Los centenarios de cincuenta pesos salieron hasta 1921, año del centenario de la Consumación de la Independencia; hubo también una moneda de dos pesos en plata semejante al centenario; estas monedas ya no los vio don Porfirio: él había fallecido en 1915, el 2 de julio en París, pero sí vio la morralla de oro de dos, dos y medio, cinco, diez y veinte pesos que circuló en su tiempo.

Cuenta don Viriato Da Silveira que el domingo 5 de octubre de 1902 llovió ceniza. Era una mañana clara cuando de pronto comenzó a caer la ceniza, como si fuera un aguacero; todo lo cubrió y provocó el clamor de toda la gente. Se debió a la erupción del volcán Santa María de Guatemala. Otra lluvia de cenizas ocurrió el 28 de marzo de 1982, debida a la erupción del Chichonal en Chiapas. Como en 1902, en el 82 se pudieron recoger botes de ceniza volcánica a discreción. Desde Villahermosa se veía el cielo como si fuera una noche del 15 de septiembre con su pirotecnia. En 1905, el 28 de enero, don Porfirio revisa las obras del puerto y personalmente abrió la llave de un pozo de petróleo en El Chapo.

En 1906 se alarma un poco la población porque en Chinameca, Acayucan y Soteapan estalla el brote precursor de la Revolución, encabezado por Hilario C. Salas, Cándido Donato Padua y Enrique Novoa, en el cual Román Marín tomaría la plaza de Puerto México. Sin embargo, el 25 de enero de 1907 vino Don Porfirio a inaugurar el ferrocarril de Tehuantepec, con lo cual todo el comercio mundial estuvo pasando de un océano al otro por el Istmo, mejor que como lo soñó Cortés. Al mismo tiempo que se inauguró el ferrocarril, quedó diseñado el trazo perfectamente urbanizado, geométrico y funcional para una gran ciudad. Lo realizó el ingeniero Alcides Dreumont.

En 1908 se inauguró el Faro de Miramar. Este faro reemplazó a otras señales construidas antes. En 1910 pasó el cometa Halley. Algunos lo describían como una penca o palma de coco en el cielo, pero más grande, blanca y luminosa; lo veían con el ánimo lleno de temor, de augurios y de presagios. Había un intenso movimiento comercial, ferroviario y marítimo, los muelles llenos y muchos barcos esperando turno, una floreciente actividad mercantil y una intensa vida social cosmopolita, con fiestas de alto postín con etiqueta inglesa, el Casino Puerto México relucía con brillo de aristocracia.

Investigación: Dr. José Lemarroy Carrión.
Cronista de la ciudad de Coatzacoalcos.

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